El siglo XXI, ha heredado tres grandes retos de impacto mundial:

  • El reto climático
  • El reto tecnológico
  • El reto del envejecimiento

En cuanto al primero, lo tenemos claro, si no corregimos la deriva destructiva generada, nuestro planeta y con él la especie humana, estará recortando su calidad de vida y con ella su propia existencia.

En cuanto al reto tecnológico que vivimos, este tiene una peculiaridad específica y es que, “está basado en una revolución tecnológica disruptiva, exponencial en su intensidad y extremadamente veloz en su desarrollo y que está suponiendo un cambio drástico tanto en términos profesionales, laborales, económicos, como sociopolíticos, para todo el mundo.”

Finalmente, en cuanto al envejecimiento, tenemos por un lado las estadísticas, que nos indican, que nuestra esperanza de vida va creciendo paulatinamente (81 años para los hombres y 86 para las mujeres), lo que de entrada, facilita un incremento potencial del tiempo disponible, siempre que nuestra calidad de vida no se vea mermada.

Ante este escenario del envejecimiento, la concienciación de los gobiernos tiene que ser un factor determinante para abordar actuaciones tendentes a dar respuesta a las necesidades generadas, ya que un nuevo paradigma  y un nuevo modelo político, económico y  social, se está configurando en el horizonte próximo.

La OMS lo dice explícitamente: “Se necesita con urgencia, una acción público‐privada integral y coordinada con respecto, al envejecimiento de la población. No solo en la forma en que lo hacemos, sino en la forma misma en que lo concebimos .”

Además, no podemos olvidar, la relevancia del  proceso de envejecimiento por su impacto multisectorial en áreas tales como: Innovación Tecnológica, la Atención Asistencial, los Servicios Sanitarios, el Empleo, la Innovación Social, la Formación, el Emprendimiento y la propia Economía.

Si entramos con detalle en este periodo vital  y  lo analizamos desde la perspectiva de perdida de capacidades, nos encontraremos, con dos etapas, más o menos definidas:

  • Una etapa post jubilación con autonomía, (aprox. de 65‐75 años ), con algunas menos facultades, pero con potencial aportador.
  • Una segunda etapa de personas frágiles o dependientes (aprox. 75‐85 años) con necesidad de apoyos por pérdidas notorias de facultades.

En ambas etapas, nos encontraremos con enfermos crónicos, apartado que contempla dolencias tales como; las insuficiencias cardíacas, renales, diabetes, hipertensión, insuficiencia respiratoria, salud mental, ciertos cánceres y algunas otras enfermedades y dependencias, que consumen muchos recursos. Se calcula, que el 30% de los enfermos son crónicos, en Euskadi, y que consumen el 70% del presupuesto de Sanidad.

Ambas etapas, tienen un objetivo común, solido e inflexible, ayudar a las personas para que, estas,  sigan siendo lo mas parecido a quienes eran, el mayor tiempo posible y con la mayor calidad de vida posible y para ello, como decía el cardiólogo Valentín Fuster: “Ante el final inevitable de la vida, hemos de conseguir, que el proceso de deterioro previo, se retrase al máximo y dure lo mínimo”

En este ámbito y según un estudio de la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios), el 83,4% de las personas mayores de 65 años, prefieren abordar el periodo de envejecimiento, en su vivienda habitual, en lugar de hacerlo en una residencia para mayores. Además esta cifra se eleva al 89,5%, si hablamos de los octogenarios e incluso un 74% de personas, con un alto grado de dependencia, prefiere seguir viviendo en su domicilio habitual. Consecuentemente, estos deseos y preferencias, de las personas envejecidas, deberán ser prioritarias en la formulación pública y en lo que se refiere a sus planes de atención y vida.

Si hablamos en términos de hipótesis de trabajo, tres son las alternativas principales de viviendas:

  • Espacios de convivencia habituales (Residencias)
  • Espacios de convivencia avanzados (cohousing)
  • Atención integral en domicilios.

Partiendo de esta premisa e independientemente de que las residencias son una realidad histórica existente y con un enfoque orientado, con mas o menos éxito, hacia una atención centrada en la persona, el futuro debe diseñarse, ineludiblemente, con el foco puesto en nuestras viviendas habituales. En segundo lugar  con unas residencias avanzadas (cohousing) diseñadas de acuerdo a criterios próximos a la funcionalidad de nuestras viviendas habituales, pero siguiendo modelos desarrollados en los países nórdicos. Este modelo, que ya está empezando a ejecutarse por parte de algunas entidades de nuestro entorno,  dispone de espacios independientes, pero con servicios colectivos  amigables y compartidos, junto a otras actuaciones de carácter social y sanitaria.

En relación con la atención en la vivienda y pensando en clave de personas frágiles y/o dependientes, nos encontramos con la atención centrada en dos entornos específicos: La atención asistencial y la atención sanitaria.

La calidad en la atención y su  eficiencia, exigen una integración funcional de la atención sanitaria y la asistencial o cuando menos, la búsqueda de una estrecha  coordinación entre ambas, como requisito  clave que garantice el modelo de bienestar del futuro.

Como decía el ex director de sistemas de Salud de la OMS y ex consejero de Salud del G.V., Rafa Bengoa, “Un  pacto político en esta materia, debe ser un pacto socio-sanitario ya que los servicios de salud y servicios sociales son vasos comunicantes y ambos son dos sectores que no deben seguir siendo planificados separadamente. Cuando lo hacemos, perdemos de vista a los más vulnerables.”

Adicionalmente, el proceso de envejecimiento, precisa de profesionales bien formados, creativos, capaces de gestionar situaciones complejas, orientados hacia un modelo integral centrado en la persona y capaces de identificar la evolución del envejecimiento desde una óptica preventiva.

Esta estrategia, precisa de una organización coordinada, que  incorpore a la cadena de valor asistencial y sanitaria a los cuidadores informales o familiares y sea capaz de desarrollar, modelos organizativos mas cercanos, flexibles y de mayor autonomía, en la toma de decisiones.

En resumen, necesitamos una organización, que  busque un modelo de atención proactiva, frente a una reactiva, dando respuesta a las necesidades de atención integral, social y sanitaria, para lograr  el bienestar general y con la tecnología, como elemento facilitador y habilitador.

¿Y la tecnología? :

En este punto, tenemos que partir de dos premisas: La tecnología, es un medio y no es un fin y la tecnología, desde el punto de vista del usuario envejecido, siempre generará analfabetos tecnológicos, ya que esta es disruptiva, dinámica y veloz en su implantación.

En el ámbito asistencial, el foco tecnológico, se debe situar en una atención asistencial integral, centrada en la persona y para ello, se deben desarrollar, como soporte, soluciones inteligentes que integren teleasistencia móvil y domiciliaria, mediante IoT, sensórica y Big Data Analytics, favoreciendo al máximo la seguridad, accesibilidad, autonomía e intimidad de la persona y orientadas a automatizar la vivienda en la búsqueda del bienestar general de la persona, permitiendo la vida independiente y segura de la persona envejecida.

Dentro de la robótica asistencial y como ejemplo, la que un grupo de trabajo del Trinity College de Dublín ha desarrollado, diseñando un asistente robótico para las personas mayores que vivan solas. Su nombre es “Stevie” y puede cumplir una gran variedad de funciones: desde avisar cuándo debe tomarse la medicación, hasta llamar a emergencias si el usuario no responde. Además, es un robot inteligente con el que se puede interactuar, reduciendo el aburrimiento y estimulando la actividad mental. El precio, de momento, es un escollo.

La teleasistencia o la teleatencion a través de tablets o móviles, permite la conexión con terceros. Complementado con pulseras inteligentes o wareables, se comunica en casos de emergencia con familiares o centros de urgencia; La estimulación sensorial y cognitiva a través de programas informáticos diseñados para potenciar las capacidades cognitivas de personas con demencia o enfermedad degenerativa.

La formación. En este contexto, se debe fomentar la formación continua para ayudar a adaptarse a las personas asistentes al nuevo mercado y para formar más y mejor con el objetivo final de realizar funciones asistivas y preventivas, reforzando su conocimiento y hacer así  frente a problemas como la fragilidad o la demencia de forma preventiva. Además la formación y su impacto laboral, son un yacimiento de empleabilidad.

En el ámbito de la salud, la tecnología que hemos denominado disruptiva, se está desarrollando de forma exponencial y a gran velocidad. Hoy en día la tecnología inunda a infinidad de sectores y entre ellos al de salud de forma ya operativa y creciente, y en su medida también en la operación y gestión de los servicios asistenciales. En el primero, conceptos como: Neurotecnologia, Salud Digital, Robótica, Impresión 3D, IoT, Inteligencia artificial, con sus algoritmos inteligentes, etc. son contextos tecnológicos familiares.

Así pues no parece difícil o complejo evolucionar, progresivamente, de un modelo asistencial más estático,  a otro mucho más dinámico, preventivo e integral (sociosanitario), que ayude a las personas en su residencia habitual o que permita un seguimiento más eficiente a enfermedades crónicas, capítulo relevante en las personas envejecidas.

Asi pues, proyectando el futuro, no es difícil pensar, dentro del contexto de salud y asistencial, que existirá, un hospital convencional focalizado en recursos y medios para atender a pacientes de atención primaria y agudos, junto a una hospitalización a domicilio para crónicos/frágiles (hospital virtual).

El impacto de esta actuación, repercutirá en la calidad asistencial, en el costo público, en la racionalización del tratamiento y en el tejido productivo industrial, como origen del nacimiento de nuevas startup. Adicionalmente, se reducirían las infecciones hospitalarias y cuadros de desorientación.

En cuanto al, ¿cómo se desarrollaría esta estrategia?, ésta se hará mediante el desarrollo de programas de hospitalización a domicilio (salud digital) y mediante la atención, con personal asistencial formado ad hoc.

Descargar la presentación del trabajo en formato PTT.

El objetivo se focalizaría, siempre,  en una atención asistencial integral, centrada en la persona.

Luis Goenaga,

( Consejero de la División de Salud de Tecnalia y miembro del Patronato de Fundación Matia)