Dave Duerson tomó la decisión de dejar este mundo en Febrero de 2011, a los 50 años. Atrás quedaban sus gloriosos años como un gran jugador de fútbol americano en los Chicago Bears. Ahora le acuciaban otros problemas personales y financieros y decidió poner fin a todo. Pero él sospechaba que había algo más; en los últimos meses se había quejado a su familia de alteraciones en la vista, dolores de cabeza y otros problemas mentales. Dave Duerson se suicidó con un disparo en el pecho, en un intento de preservar su cerebro, dejando además, para que no hubiera dudas, una nota que decía “Por favor, que mi cerebro sea donado al banco de cerebros de la NFL”. Fue un acto final de generosidad y como su hijo afirmó: – El estaba buscando una respuesta. Y esperaba ser parte de dicha respuesta. Los patólogos que estudiaron su cerebro encontraron dicha respuesta, presentaba una patología que hoy conocemos como encefalopatía traumática crónica.

¿Qué es la encefalopatía traumática crónica? Se trata de una patología en la que se observan depósitos cerebrales de una proteína llamada tau. Aparece en determinadas zonas del cerebro del las que se piensa que son más susceptibles al efecto de los traumatismos indirectos. Estos hallazgos se han visto en personas fallecidas con demencia y con antecedentes de traumatismos craneoencefálicos repetidos, como boxeadores o soldados. En el siglo pasado ya se empezó a pensar en este problema al observar a boxeadores que presentaban demencia a edades precoces. A principios del nuevo siglo, sobre todo en Estados Unidos se generó una preocupación por una serie de jugadores de fútbol americano que presentaron deterioro cognitivo y alteraciones de la conducta. En el año 2005 se describió también esta entidad de la encefalopatía traumática crónica en el cerebro de jugadores profesionales de fútbol americano. Se atribuyó a los traumatismos craneoencefálicos recibidos durante su carrera deportiva. La descripción de esta entidad y las supuestas presiones de la Liga Nacional de Fútbol Americano (NFL) para minimizar el impacto de esta información se recogen en la película “Concussion”, traducida en España como “La verdad duele”, en la que Will Smith encarna al neuropatólogo Bennet Omalu y también aparece el mencionado Dave Duerson.

Posteriormente, diversos estudios encontraron una relación entre los traumatismos craneoencefálicos con conmoción cerebral y el deterioro cognitivo en edad adulta. Se desconoce, sin embargo, el efecto que pudieran tener los traumatismos  craneoencefálicos de menor entidad que existen en otros deportes, como por ejemplo, los traumatismos leves producidos por remates de cabeza en el fútbol. En los últimos años se han publicado una serie de artículos científicos que han desatado la polémica sobre esta asociación. Uno  de los que más repercusión ha tenido ha sido un estudio en jugadores de fútbol en Escocia, publicado en el The New England Journal of Medicine, en el que se analizan las causas de fallecimiento de jugadores de fútbol profesionales retirados. Se observa en ellos una mayor mortalidad por enfermedades degenerativas, incluyendo demencia de cualquier tipo, enfermedad de Alzheimer, enfermedad de motoneurona y enfermedad de Parkinson. Se trata de un estudio epidemiológico cuyos resultados habrá que corroborar con estudios más concluyentes.

Cada vez existe una mayor conciencia de que el cerebro es un órgano vulnerable que debemos proteger. Acordémonos, por ejemplo, de los ciclistas descendiendo puertos de montaña sin casco a principios de los años 90. Son imágenes que antes veíamos con normalidad y hoy en día nos estremecen. Actualmente, todos los ciclistas profesionales y aficionados van protegidos y existen protocolos para la atención a traumatismos craneoencefálicos en la mayoría de los deportes.

No está completamente demostrado que los traumatismos leves (como los producidos, por ejemplo, en el fútbol al rematar de cabeza) puedan también tener una influencia  a largo plazo en el cerebro. Se trata de un tema de intenso estudio en este momento. Está claro que en esta sociedad todo lo que implique al fútbol puede desencadenar reacciones emocionales polarizadas.  Pienso que hay que acercarse a este problema con la mente abierta, dispuestos a escuchar lo que la ciencia dice y, a partir de ahí, establecer las normas para proteger nuestros cerebros y sobre todo los de nuestros niños y jóvenes. Y si eso supusiera algún cambio de norma que hoy se nos antoje impensable en nuestro deporte mayoritario, recordemos que somos una especie con gran capacidad de adaptación al cambio. Es probable que en poco tiempo veamos con normalidad, por poner un ejemplo, a jugadores de fútbol con protección en la cabeza, o incluso normas que restrinjan los remates de cabeza. Recuerden: ¡Mente abierta y cerebro protegido!

Dr. Fermín Moreno Izco

Unidad de Deterioro Cognitivo, Servicio de Neurología. Hospital Universitario Donostia.