Pedro Iturrioz

La población mundial está envejeciendo, es un hecho innegable. En todo el mundo, las personas viven más tiempo no sólo por los avances sanitarios sino también por las mejoras en educación, nutrición y tecnología…  Si hacemos una valoración en el Estado Español, vemos que la esperanza de vida ha aumentado más de 40 años en un siglo. Concretamente, entre 1910 y 2009 los españoles viven, de media, el doble de tiempo.  Entre 1910 y 2009 la ganancia de un recién nacido ha sido de más de 40 años respecto a la expectativa que tenía su bisabuelo cuando era un bebé. Estos 40 años son el doble de la vida media de una persona hace un siglo.  El avance ha sido mayor en mujeres (creció 42,6 años hasta los 84,5) que en hombres (38,8 hasta los 78,4), según un estudio que analiza las causas de este espectacular incremento hasta la primera década de este siglo.

En nuestro medio, también tenemos una alta longevidad, concretamente las mujeres vascas tienen, junto con las japonesas, la esperanza de vida más elevada de los países de la Organización y Cooperación del Desarrollo Económico (OCDE). situándose en 85,6 años mientras que la de los hombres es de 78,3 años, según la Encuesta de Salud del País Vasco.  Junto con este aumento de la longevidad ha surgido en mayor medida un problema al que se ha etiquetado con el nombre de Edadismo, que nos llega del inglés “Ageism” y que no es más que la discriminación por edad, una forma de prejuicio contra las personas mayores.  Se atribuye al Dr. Robert Butler, un eminente gerontólogo, como la persona que acuñó el término «edadismo» en la década de 1960, pero en la práctica parece haber existido desde siempre.

¿Pero este problema es similar en todos los países del mundo o es un problema cultural?. Diversos estudios han examinado grandes diferencias en la forma en que las sociedades de todo el mundo ven y tratan a sus ciudadanos mayores.  Algunos grupos como los países asiáticos, reverencian y respetan a sus miembros más antiguos. Recuerdo un amigo psiquiatra que tenía un hijo en Corea realizando un postgrado en Comercio Exterior que comentaba que en la reuniones familiares se reservaba para las personas mayores de la familia el sitio más cercano al fuego del hogar y que se les ofrecía en primer lugar la comida y también el mejor bocado.  En las sociedades tradicionales, los adultos mayores eran considerados maestros sabios, guardianes del conocimiento acumulado y de la memoria institucional.  El poder ejercido por los «viejos» a través del consejo de ancianos, como sistema de gobierno indígena, fue también motivo de estudio por parte de antropólogos y etnólogos, quienes generalizaron esta institución como norma de gobierno de los pueblos originarios. Bajo esta figura, el viejo está investido de sabiduría, prestigio, poder y liderazgo; rasgos de alto estatus social.

En cambio, en otros países más de nuestro entorno se ven a las personas mayores como seniles e incompetentes, son como una carga que gasta muchos recursos y se les trata con un enfoque paternalista considerándolos como niños desprotegidos.  En algunas sociedades mediterráneas, hay más tradición de que los hijos cuiden a sus padres en casa y en otras, los hijos ingresan a sus padres en residencias donde otros los cuidan  Algunos personas pueden argumentar que la sociedad es más tolerante que en épocas anteriores, y es probable que haya evidencia de esto si examinamos el racismo o el sexismo hoy en día en comparación con hace un siglo. Pero el envejecimiento, por el contrario, puede haber empeorado en los tiempos modernos.

El edadismo puede tener consecuencias negativas en la salud de las personas mayores, que muchas veces se ven como una carga y que no aportan nada para los demás haciéndoles proclives a la depresión y el aislamiento social.  Depende de nuestros esfuerzos colectivos reconstruir la imagen de los adultos mayores como seres competentes, productivos y sociales, o al menos reconocer que las personas mayores no son diferentes del resto de nosotros, simplemente, son jóvenes que han crecido.

El envejecimiento de la sociedad puede ser más positivo si conservamos mejor la salud con la edad. Ahora mismo, tenemos en marcha muchas iniciativas y programas de envejecimiento saludable, no se trata tanto de añadir años a la vida como vida a los años, pero para ello, debemos desprendernos de los prejuicios contra las personas mayores.  Como me refiere una persona de las consideradas «Mayores»:  «Tantas veces escuche eso de ya no tengo edad para hacer nada nuevo, ni siquiera conocer nuevas amistades, que equivocados están desde mi pensar, la vida cada día nos ofrece nuevas oportunidades, nuevas vivencias y nuevos aprendizajes».

Los programas de educación intergeneracional pueden también ofrecer una intervención prometedora ya que los participantes de dichos programas exhiben significativamente menor edadismo y mayor conocimiento del envejecimiento.  La hibridación y la conectividad intergeneracional, el trabajar entre diferentes junto al aprovechamiento del talento de las personas mayores, puede hacer que surjan ideas innovadoras y que mejoren sustancialmente nuestra sociedad en el futuro

Pedro Iturrioz Rosell.

Médico Unidad Docente Medicina Familiar y Comunitaria

Bibliografía consultada:

1.- https://cenie.eu/es/blog/edadismo-no-mas-prejuicio

2.- https://cenie.eu/es/blog/paseo-por-el-envejecimiento-cultura-y-tradiciones

3.- https://elpais.com/politica/2015/02/26/actualidad/1424969363_446948.html

4.-  http://www.revista60ymas.es/InterPresent2/groups/revistas/documents/binario/s314informe.pdf

5.- https://www.youtube.com/watch?v=n_mde9QYMo4

6.- https://cenie.eu/es/blog/edadismo-no-mas-prejuicio

7.- https://www.amaliorey.com/2010/09/14/visiones-hibridas-y-el-efecto-medici-post-190/