Maximo Goikoetxea

En  una época como la actual, que, según algunos, es la edad de oro de la conspiranoia, se agradecen reflexiones sensatas como la realizada por el Secretario  General de la O.N.U., Antonio Guterres, sobre el  impacto  que está teniendo en los derechos de la personas mayores la COVID-19; derechos tales como a la vida, a la salud, a la autonomía personal, a la atención sanitaria, a los cuidados -incluidos los paliativos-, a la seguridad.., así como a disfrutar de una vida libre de violencias, abusos o negligencias. De ahí su llamamiento a los Estados, para que realicen propuestas en la línea de lo manifestado por el Secretario General, para una convención de la O.N.U sobre los derechos de las personas mayores; llamamiento al que se están sumando diferentes personalidades de todos los ámbitos, para hacer frente al aumento de las desigualdades, la discriminación y el edadismo.

Ciertamente, tengo la impresión que el filósofo Daniel Innerarity  acierta cuando dice que  “se acabó el mundo de las certezas”. Bastaría con fijarnos en el informe realizado por El Consejo de Seguridad Nacional -máximo órgano asesor del presidente del Gobierno-, que en su informe del 15 de Marzo de este año considera a la emergencia sanitaria cómo una de las más improbables de los 15 riesgos que baraja. Por no hablar del número real de víctimas, que se cifra en algo más de 27.000 personas, con una interrogante sobre otros 13.000 fallecidos que no se sabe cómo y dónde computar.

Y todo ello en plena batalla de imagen o comunicación: “esta guerra solo la ganamos unidos”, “nadie quedará atrás”, “de la crisis salimos ganando” o la ya famosa “nueva normalidad”, viejo fetiche que ya se utilizó después del 11-S  y se expande  tras la crisis financiera del año 2008. Y, cómo no, con todo tipo de propuestas: “contratar miles de trabajadores”, “medicalizar las residencias de personas mayores”, “publificar todas las residencias privadas”….., más toda la variada y florida oferta, propia de las campañas electorales, de los colegios profesionales o de los sindicatos.

Ahora bien, ¿qué no veremos?; ¿alguien cree imposible vaticinar que de darse alguna encuesta con previsión de malos resultados, unido a la aparición de dos o tres rebrotes de la pandemia, tardaríamos en ver luz sobre la propuesta de que las residencias de mayores deberían incluir UCIs?. Por cierto, aunque eran otros tiempos, este tipo de planteamientos me han hecho recordar cómo, a principios de los 80, se planteaban centros de salud en cada barrio y tomas de tensión arterial en los locales de las…….. Asociaciones de Vecinos.

En fin, volviendo a la actualidad, la vivencia de estos tiempos de gran dureza, es evidente exigen reflexiones serenas, repensar el presente y apuntar soluciones para un futuro que garantice la mejor atención a los mayores que la necesiten; eso sí, favoreciendo su autonomía y el desarrollo de su proyecto personal, respetuosa con sus derechos y en parámetros de calidad.

En mi opinión, el golpe recibido por el sistema de protección social, especialmente las residencias, ha sido muy duro y va a ser difícil superarlo. Al estigma del asilo o de la beneficencia, pronto se le añadirá otro más cruel todavía, el del abandono o la gran mortalidad. Aunque todavía no existen o no se quieren dar los datos reales, no es difícil escuchar o leer que más de 19.000 personas han fallecido en residencias; o encontrarte con valoraciones que hablan de la “nefasta gestión” realizada en ellas. Por favor, un respeto y mi reconocimiento a la gran labor desarrollada por estos profesionales ante el COVID 19, tanto durante la propia pandemia, ahora y, seguro, después. Otra cosa es repensar lo ocurrido y acertar en las medidas correctoras a adoptar.

En este contexto, y con voluntad de contribuir al imprescindible debate que ha de darse sobre lo sucedido y sobre las citadas medidas de futuro a adoptar, me gustaría desde AUBIXA Fundazioa, plantear las siguientes cuestiones prioritarias:

  1. La elaboración de un Plan Sociosanitario para Gipuzkoa: mi experiencia me dice que podemos estar ante una de las últimas oportunidades para avanzar en la línea de una confluencia estratégica de los sistemas sanitario y social. Y las oportunidades hay que saber aprovecharlas. Es cuestión conocida que los diferentes sistemas son productos de la historia y de la cultura de las sociedades en que se desarrollan, expresando los valores predominantes en las mismas. Coyunturas como la que estamos viviendo han puesto de manifiesto que “los servicios sociales y los sanitarios no pueden actuar como compartimentos estancos”, comentario de José Augusto García, presidente de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología. Una crisis como la del COVID19 ha puesto en evidencia un modelo basado en dos sistemas para atender a una persona; dos sistemas que se han desarrollado en paralelo y se han mostrado incapaces de ofrecer una atención integral de calidad. Seamos optimistas: ¿alguien se imaginaba que el Ingreso Mínimo Vital iba a ser una realidad?

El proceso de elaboración de este Plan nos dirá cuáles son sus objetivos para las diferentes áreas de intervención o sus señas de identidad más importantes, aunque, en mi opinión, hay a estas alturas algunas cuestiones innegociables: el abordaje de la dependencia debe de ser integral, el centro de atención hay que situarlo en la persona y en el respeto a sus derechos, hay que favorecer la existencia de los necesarios servicios de proximidad, favoreciendo en todo caso la promoción de la autonomía y la prevención de la dependencia, desde  un enfoque comunitario que garantice la continuidad de cuidados.

En cuanto a las residencias, habrá que hacer una valoración previa y actuar en consecuencia, aunque existen pocas dudas sobre la necesidad de diversificar la oferta, controlar el tamaño y ofrecer una oferta suficiente a nivel de las diferentes comarcas del territorio, en parámetros de calidad –habitaciones individuales- y especialización –centros sociosanitarios comarcales- y con conexión directa con los hospitales de referencia. Así, creo, deberíamos entender la medicalización de las residencias y no al revés, haciendo de las residencias pequeños o grandes hospitales, que todo es empezar.

Apartados importantes de este Plan, deberían ser el abordaje integral de los cuidados de larga duración y la agenda estratégica frente al Alzheimer y las otras demencias.

2.-Renovar la gobernanza de los servicios asociados a la dependencia, con una previa evaluación externa de los mismos. Y digo dependencia, sin mezclarla con otros servicios relacionados con las personas mayores, que tendrán su propio campo de desarrollo y definición de proyectos.

Creo, por tanto, que sería un error seguir hablando de un ecosistema con 200 o 300 agentes o de una gobernanza pluricéfala que puede contribuir a la falta de concreción en la definición de las políticas necesarias y en la plasmación de las mismas.

3.- Impulsar la investigación y el desarrollo de productos en el ámbito del envejecimiento, favoreciendo la calidad, la colaboración entre distintos agentes,  la transferencia tecnológica y la creación de masas criticas. Es urgente impulsar la cooperación, la convergencia y la confluencia entre los distintos agentes que actúan en este campo, evitando la dispersión de esfuerzos, facilitando la coordinación entre organismos, focalizando y alineando los esfuerzos en torno a aquellos nichos que tengan fortalezas reales y potencial de desarrollo y siempre teniendo en cuenta la generación de valor y la calidad contrastada. Desde el impulso a la actividad desarrollada en Biodonostia, se debe de avanzar hacia la puesta en marcha del C.V.I.E. (Centro Vasco de Investigación del Envejecimiento).

La sociedad civil debe implicarse, aunando esfuerzos y sin sustituir a nadie,  en contribuir a la necesaria adaptación que muchos ámbitos de la sociedad van a necesitar de manera urgente en los próximos años. La tantas veces demostrada capacidad  de respuesta y adaptación de la sociedad gipuzkoana se encuentra ante un reto de enormes dimensiones y gran complejidad, para avanzar hacia los  cambios que necesitamos para consolidar una sociedad equilibrada y armónica; sociedad que no margine o arrincone a un porcentaje tan importante de su población como son las personas mayores y que sea capaz de dar respuesta a nuevas problemáticas, que a día de hoy no tienen solución.

¡Conviene recordar que la riqueza del futuro depende de la inversión en conocimiento de hoy!

4.- Fomentar la cultura de los Derechos de las personas mayores dependientes, de las personas con demencia y de sus cuidadores.

Conviene concienciar a la opinión pública, a los trabajadores y a todos los organismos relacionados con los cuidados que el fundamento esencial de su atención radica en el respeto a sus derechos. Aquí haría especial mención de las personas dependientes y de las afectadas por el Alzheimer u otras demencias.

Reconocer, respetar y promover estos derechos se debe de convertir en uno de los elementos centrales de todas las políticas sociales

5.- Experimentar en Gipuzkoa un proyecto piloto de integración y transformación del gasto fiscal y las prestaciones económicas de objeto social y, con ella, de las posibilidades de hacer más eficiente y equitativa desde el punto de vista generacional la garantía de ingresos para la subsistencia que ofrecen a la ciudadanía los diferentes poderes y administraciones públicas operantes en el País Vasco.

 En el avance hacia una sociedad para todas las edades, que garantice la necesaria cohesión social, la colaboración intergeneracional adquiere gran  importancia, especialmente cuando se entrelaza con los procesos de envejecimiento y las políticas de solidaridad.

6.-  Puesta en marcha de un CENTRO DE DESARROLLO DE SERVICIOS PARA LA DEMENCIA. Desde los diferentes modelos de atención se asume, cada vez con mayor evidencia, que el diseño de los entornos donde habitan las personas influye profundamente en su calidad de vida y en el desarrollo de la enfermedad si la hubiere, o en la forma en que se puede hacer frente a la misma.

Por ello, el entorno donde vive una persona se considera como un recurso fundamental, no sólo en lo que se refiere a la parte física, sino al vínculo emocional que se desarrolla con el propio espacio donde se habita, como con el vecindario, el barrio o la conexión con el mundo en general.

Siendo esto así, la última pandemia ha puesto de manifiesto diferentes problemas relacionados con el tamaño, la estructura, la sectorización de los centros u otros, que son graves y es urgente abordar y solucionar. No nos olvidemos que estamos hablando de un modelo residencial del siglo pasado, propio del sur de Europa y muy diferente de las de tamaño controlado y del modelo de unidades de convivencia, propio del norte europeo.

Este Centro debería ser el responsable de asesorar y dirigir las distintas transformaciones necesarias, tanto en vivienda, centros de día, residencias u hospitales.

Máximo Goikoetxea.

Apoderado de AUBIXA FUNDAZIOA