“Se podrá salir de casa únicamente para realizar actividades esenciales”, “se cierran los comercios y establecimientos no esenciales”, el uso de la mascarilla será obligatorio”, “evitad el contacto físico”… han sido algunas de las frases que han marcado el pasado 2020.

Hace ya más de un año que la Organización Mundial de la Salud declaró como epidemia mundial el virus COVID-19. La inquietud asociada a este virus está siendo una preocupación mundial debido a su rápida propagación por todo el planeta.

Durante este último año hemos vivido situaciones que jamás hubiésemos esperado como fue el confinamiento domiciliario. Algunos mejor, otros peor, con más o menos imaginación sobrellevamos como pudimos el no poder salir de casa. Finalmente llegó el día en que permitieron que los niños saliesen a la calle, después las franjas horarias para hacer deporte al aire libre y, junto con eso, las franjas para que las personas mayores pudiesen salir de sus casas pero, ¿cómo está afectando esta pandemia a estos últimos? ¿Qué consecuencias ha tenido en su forma de relacionarse y en su red social?

Además de las ya conocidas consecuencias que está teniendo la pandemia a la que nos estamos enfrentando, durante este último año se está dando otro efecto en paralelo: la discriminación por la edad de las personas o edadismo. Han sido muchos los discursos que durante estos meses han descrito a las personas mayores como un colectivo homogéneo, enfatizando características como la fragilidad, la indefensión o la poca capacidad que tienen a la hora de aportar a la sociedad. Todas estas frases se han difundido por los diferentes medios de comunicación y redes sociales con hastags como #BoomerRemover u #OkBoomer, muchas veces acompañados de memes discriminatorios y devaluados por la edad; también han surgido cantidad de debates sobre la priorización de la atención, discusiones en las que muchas veces las personas mayores han salido perdiendo y donde se ha sugerido que la pérdida de una persona mayor es menos importante que la de una persona joven (Haffower, 2020).

Estos mensajes caracterizados por la negatividad y la infravaloración favorecen el desarrollo de sentimientos de inutilidad y de sensación de ser una carga entre estas personas, sentimientos que sumados a las restricciones actuales pueden provocar el aumento del aislamiento social y de los sentimientos de soledad en este colectivo.

Es bien sabido que la principal consecuencia del confinamiento domiciliario fue la ausencia de relaciones sociales; esta falta de socialización está directamente relacionada con el sentimiento de soledad, especialmente importante en el caso de las personas mayores (Kasar y Karaman, 2021). Es cierto que las personas mayores pueden ser más vulnerables a los sentimientos de soledad debido a la pérdida de las personas de su círculo social o la pareja, así como por las posibles dificultades de movilidad que puedan tener algunas personas, no obstante, no son sentimientos normativos de esta etapa de la vida y tampoco son sinónimos aunque muchas veces se utilicen indistintamente.

La identificación temprana de estos sentimientos es muy importante ya que tienen un gran impacto en la salud y es importante remarcar que la pandemia mundial que estamos viviendo dejará unas importantes consecuencias en el bienestar mental de los individuos y, en el caso de las personas mayores, tanto el aislamiento social como los sentimientos de soledad pueden tener un considerable impacto en el funcionamiento cognitivo, salud mental y física, así como en su esperanza de vida.  Sobre las consecuencias psicológicas, la soledad se ha relacionado con un incremento del riesgo de desarrollar alguna enfermedad mental, entre los que destacan la depresión, el trastorno de ansiedad generalizada y la ideación suicida (Beutel et al., 2017); además se ha observado un mayor riesgo de desarrollar un deterioro cognitivo o algún tipo de demencia (Boss, Kang y Branson, 2015; Donovan et al., 2017; Gerst-Emerson & Jayawardhana, 2015; Kuiper et al., 2015).

Siendo conscientes de que unos de los grandes afectados del confinamiento por la pandemia son los mayores Van Tilburg et al. (2020) estudiaron los datos de 1652 personas de entre 65 y 102 años sobre cuestiones como el sentimiento de soledad, el estado de las relaciones sociales y el bienestar psicológico. Cuando analizaron los resultados concluyeron que la pandemia había agravado los sentimientos de soledad de las personas mayores. Entre las principales causas de este empeoramiento estaban la pérdida de algún familiar o amigo, el miedo al virus y el miedo a contagiarse en espacios públicos, sentimiento que favorecía el autoaislamiento.

MacDonald y Hülür (2020) coincidieron con estos resultados puesto que en su estudio los datos obtenidos también indicaron el empeoramiento del bienestar mental y la gravedad de los sentimientos de soledad debido a la pandemia.

A pesar de los discursos caracterizados por la homogeneización de la vejez, los adultos mayores son, en realidad, un grupo muy heterogéneo, primero porque una de las particularidades de la vejez es su diversidad y, segundo, porque es una etapa donde la influencia de las experiencias vitales, la cultura, la genética y el historial de salud es muy alta.

Resulta importante remarcar también que los estereotipos actuales hacia la vejez pueden ser interiorizados por personas de diferentes edades, influyendo en la visión de su propio envejecimiento. Según varios estudios las creencias negativas sobre el proceso de envejecimiento afecta al estado de salud (Levy, 2009; Chasteen, Pichora-Fuller, Dupuis, Smith y Singh, 2015) y en los niveles de estrés (Bellingtier y Neupert, 2018) además de a nivel social (Levy, Slade, Chang, Kannoth y Wang, 2020).

Otra de las cuestiones que hemos podido observar en esta pandemia es la diferenciación entre “jóvenes” y “viejos”, distinción que refuerza la división que ya existe en la sociedad. Esta tendencia y percepción negativa de la vejez puede influir en el proceso de envejecimiento de las personas ahora jóvenes puesto que probablemente interioricen estos mensajes negativos (Levy, 2009) y, como se ha dicho, puede tener consecuencias negativas en su propio envejecimiento.

Finalmente, las restricciones de las relaciones sociales también han afectado a las personas que están ingresadas en las residencias de ancianos. Las restricciones de las visitas, la cancelación de las actividades grupales y excursiones, la falta de la socialización en los comedores y salones etc. también han favorecido el desarrollo de los sentimientos de soledad entre los residentes pero también de sus familiares puesto que muchos de ellos solían ir a visitarlos asiduamente e, incluso, diariamente. En estos centros varios profesionales han referido que el aislamiento social y los sentimientos de soledad han provocado sentimientos como incredulidad, desorientación debido a los traslados o cambio o dificultad para reconocer a los trabajadores y aumento de las alteraciones conductuales entre otros (Blanco-Tarrio y Blanco-Sánchez, 2020)

No cabe duda de que la pandemia mundial del COVID-19 no va a dejar indiferente a nadie. Será una realidad que nos dejará marcados y llegará el día en que hablemos en pasado de este virus que tanto nos ha descolocado a todos pero, para que ese día llegue lo antes posible, sigan cuidándose.

Amaia Arregi Amas

Psicóloga General Sanitaria y Psicogerontóloga.

 

Bibliografía

Bellingtier, J. A., & Neupert, S. D. (2018). Negative aging attitudes predict greater reactivity to daily stressors in older adults. The Journals of Gerontology: Series B73(7), 1155-1159.

Beutel, M. E., Klein, E. M., Brähler, E., Reiner, I., Jünger, C., Michal, M., Wiltink, J., Wild, P.S., Münzel, T., Lackner, K. & Tibubos, A. N. (2017). Loneliness in the general population: prevalence, determinants and relations to mental health. BMC psychiatry17(1), 97.

Blanco-Tarrio, E., & Sánchez, G. B. (2020). Atención primaria y residencias de ancianos: a propósito de la COVID-19. Semergen46, 26.

Boss, L., Kang, D. H., & Branson, S. (2015). Loneliness and cognitive function in the older adult: a systematic review. International Psychogeriatrics27(4), 541.

Chasteen, A. L., Pichora-Fuller, M. K., Dupuis, K., Smith, S., & Singh, G. (2015). Do negative views of aging influence memory and auditory performance through self-perceived abilities?. Psychology and Aging30(4), 881.

Donovan, N. J., Wu, Q., Rentz, D. M., Sperling, R. A., Marshall, G. A., & Glymour, M. M. (2017). Loneliness, depression and cognitive function in older US adults. International journal of geriatric psychiatry32(5), 564-573.

Gerst-Emerson, K., & Jayawardhana, J. (2015). Loneliness as a public health issue: the impact of loneliness on health care utilization among older adults. American journal of public health105(5), 1013-1019.

Haffower, H. (2020). A certain horrible subset of the internet is calling the coronavirus ‘boomer remover’. Business Insider Australia.

Kasar, K. S., & Karaman, E. (2021). Life in lockdown: Social isolation, loneliness and quality of life in the elderly during the COVİD-19 pandemic: A scoping review. Geriatric Nursing.

Kuiper, J. S., Smidt, N., Zuidema, S. U., Comijs, H. C., Oude Voshaar, R. C., & Zuidersma, M. (2020). A longitudinal study of the impact of social network size and loneliness on cognitive performance in depressed older adults. Aging & mental health24(6), 889-897.

Levy, B. (2009). Stereotype embodiment: A psychosocial approach to aging. Current directions in psychological science18(6), 332-336.

Levy, B. R., Slade, M. D., Chang, E. S., Kannoth, S., & Wang, S. Y. (2020). Ageism amplifies cost and prevalence of health conditions. The Gerontologist60(1), 174-181.

Macdonald, B., & Hülür, G. (2021). Well-being and loneliness in Swiss older adults during the COVID-19 pandemic: The role of social relationships. The Gerontologist61(2), 240-250.

Van Tilburg, T. G., Steinmetz, S., Stolte, E., van der Roest, H., & de Vries, D. H. (2020). Loneliness and mental health during the COVID-19 pandemic: A study among Dutch older adults. The Journals of Gerontology: Series B.