Puesto que la condición humana es inseparable de la enfermedad, el dolor, el sufrimiento y, por fin, la muerte, una práctica médica adecuada a dicha condición ha de empezar por aceptar la finitud humana y enseñar o ayudar a vivir en ella. Victoria Camps. (2)

Hace ya más de veinte años que The Hastings Center (3) elaboró un documento en el que invitaba a deliberar sobre los Fines de la Medicina. En dicho documento se afirmaba que, “Los fines de la medicina a finales del siglo XX, deben ser algo más que la curación de la enfermedad y el alargamiento de la vida. Han de poner un énfasis especial en aspectos como la prevención de las enfermedades, la paliación del dolor y el sufrimiento, han de situar al mismo nivel el curar y el cuidar, y advertir contra la tentación de prolongar la vida indebidamente.”

A lo largo de estos años, las unidades de medicina que desarrollan su labor en distintos hospitales españoles, han evolucionado teniendo en cuenta esas consideraciones, así como diversas leyes sobre los derechos y garantías de las personas en el final de la vida. Recientemente, La Sociedad Española de Medicina Interna y la Sociedad Portuguesa de Medicina Interna han publicado, en la Revista Clínica Española (1), un documento de consenso que contiene 37 recomendaciones sobre buenas prácticas en el cuidado del paciente al final de la vida.

En su elaboración participó un comité de expertos de 12 miembros (10 españoles y 2 portugueses). El proceso contó con la colaboración de los grupos de trabajo de Paciente Pluripatológico y Edad Avanzada y de Cuidados Paliativos de la Sociedad Española de Medicina Interna y de los grupos de Cuidados Paliativos y de Bioética de la Sociedad Portuguesa de Medicina Interna. Posteriormente, ciento cincuenta panelistas -que incluían internistas, otros médicos clínicos, enfermeras, enfermos, juristas, expertos en bioética, gestores sanitarios, políticos y periodistas- fueron invitados a responder al cuestionario en dos rondas (Proceso Delphi) En la segunda ronda, 95 panelistas (63,3%) respondieron las preguntas. Al final, hubo un consenso fuerte sobre 33 recomendaciones (89,2%) y un consenso débil en 4 (10,8%).

Las recomendaciones hacen mención a una adecuada identificación de los enfermos en las fases finales de su vida que eviten un proceso de morir prolongado, y su registro en la historia clínica; la evaluación de las necesidades de cuidados paliativos; la exploración de los valores y las preferencias de los pacientes (y familiares), y su registro en la historia clínica; conocer si el paciente ha suscrito un documento de voluntades anticipadas; cuidar el proceso de comunicación con el enfermo y sus familiares (tanto el contenido como el lugar dónde se proporciona dicha información) respetando la confidencialidad, y registrar el proceso de información en la historia clínica; evaluar y registrar sistemáticamente la presencia de síntomas y su grado de control en los últimos días de vida; garantizar unos cuidados paliativos óptimos, adaptando el esfuerzo terapéutico a las necesidades del paciente mediante la participación y el acuerdo con el enfermo y su familia; tener en cuenta las necesidades espirituales del enfermo y de su familia; procurar que los últimos días de vida disponga de una habitación individual acompañado de su familia; que exista un plan de cuidados de enfermería; proporcionar a los pacientes y familiares el conocimiento de los distintos turnos de guardia, cambios de turno, fines de semana, etc.; acceso a la atención religiosa y psicológica para los enfermos y su familia; evaluación del sufrimiento y de la necesidad de sedación paliativa teniendo en cuenta el conocimiento del enfermo de su situación y su consentimiento en el caso de ser competente, así como el conocimiento por parte de todo el equipo de tratamiento; la existencia de protocolos de sedación con las indicaciones, pautas medicamentosas, monitorización de la sedación y registro en la historia clínica; atención a los cuidados después de la muerte (del cadáver y del duelo de la familia)

En España, muchos de los profesionales que ejercen su labor en las unidades de medicina tienen en cuenta la mayoría de los aspectos que contiene el artículo citado, pero no cabe duda de que plasmar las recomendaciones en un documento de consenso permitirá homogeneizar la atención médica al final de la vida y redundará en beneficio de una atención adecuada al enfermo moribundo, así como al alivio y consuelo de sus seres queridos.

Eduardo Clavé Arruabarrena

Patrono de la Fundación Aubixa. Especialista en Medicina Interna (jubilado)

 

  • Díez-Manglano J, Sánchez LAM, García RF, Freire E, y cols. Spanish and Portuguese Societies of Internal Medicine consensus guideline about best practice in end-of-life care. Rev Clin Esp. 221 (2021) 33-44
  • Presentación de Victoria Camps en Cuadernos de la Fundació Víctor Grífols i Lucas. Quaderns de la Fubdació Víctor Grifols i Lucas. “Los Fines de la Medicina – Els Fins de la Medicina, nº 11 – (2005) (Traducción del documento de Hastings Center).
  • The Hastings Center, centro de investigación en bioética de Nueva York,