LA PRIMERA VEZ

Nunca, hasta hoy, había contemplado la nieve. Ha sido esta mañana, al levantarse, cuando su madre le ha pedido a Lucas que cierre los ojos; luego lo ha tomado en brazos, ha dado algunos pasos insistiendo en que siguiera con los ojos cerrados y, después de unos segundos, que al niño le han parecido eternos, le ha pedido que los abra. Atónito, ha mirado embelesado el manto blanco que ocultaba el techo de los coches, los árboles y las aceras, mientras su mamá le explicaba que, lo que cubría todo lo que su vista abarcaba, era la nieve. En cuanto ha llegado su abuelo Ramiro, el mocito le ha gritado para que le acompañara a mirar por la ventana:

-¡Ven! ¡Date prisa! ¡Mira, aitona!, ¡Nieve!, le ha dicho con gran alborozo.

Su abuelo ha imitado la cara de ilusión y sorpresa del pequeño, animándole para que se apresure y puedan salir pronto a la calle y, así, poder jugar un rato antes de partir hacia la escuela. Lucas se ha sorprendido de lo fría que estaba la nieve al tocarla y, mientras la manosea, Ramiro hace una bola y le pide al nene que él haga otra igual para ver quien la tira más lejos.

El chiquillo, camino del cole, habla sin parar, está muy excitado y se siente contento. Estos días son especiales para él, va de sorpresa en sorpresa: ayer vio cómo los árboles y las tiendas se iluminaban con luces de mil colores, también descubrió las figuras de un belén, y, en la escuela, le hablaron del Olentzero, de Papá Noel y de los Reyes Magos. Es cierto que no sabe quiénes son esos señores, pero su hermana mayor le ha dicho que son personas muy buenas y que traen juguetes a los niños que se portan bien. Lucas sabe que su hermana le quiere y que no le engaña. En ese momento se apura un poco, recuerda que ayer no recogió su tren y que sus padres fruncieron el ceño en señal de disgusto, pero piensa que quizá tiene suerte y que esos señores no se habrán enterado y le traerán juguetes.

Por momentos, a Ramiro se le va el santo al cielo y se detiene a pensar en lo que ha leído estos días, los Diarios, de Eugène Ionesco. Algunas frases del libro acapararon su atención y, su esencia, ha quedado impresa en su memoria. Dice Ionesco que “La infancia es el mundo del milagro o de lo maravilloso: es como si la creación surgiese, luminosa, de la noche, completamente nueva y totalmente fresca, y completamente asombrosa. No hay infancia a partir del momento en que las cosas no son ya asombrosas. Cuando el mundo parece “visto ya”; cuando nos acostumbramos a la existencia, nos convertimos en adultos. El mundo de lo mágico, la maravilla nueva, se hace banalidad, tópico. Eso es, exactamente, el paraíso, el mundo del primer día. Ser expulsado de la infancia es ser expulsado del paraíso, es ser adulto. Se conserva el recuerdo, la nostalgia de un presente, de una presencia, de una plenitud, que se intenta volver a encontrar por todos los medios.” Cuando regrese a casa, lo volverá a leer.

El abuelo rememora con nostalgia las primeras veces de su propia vida, sus primeras Navidades, su primer disfraz, su primer amor. Sabe que el color de aquellas dichas ha desaparecido y que las sombras se han ido adueñando de su existencia. Hace ya muchos años que ha renegado de las fiestas porque cada ausencia le pesa mucho y los recuerdos le entristecen. Pero hoy, una chispa de esperanza ha prendido en su espíritu y se ha animado al contemplar a su nieto disfrutando de su primera vez con la nieve, ilusionándose con la magia de las luces multicolores, de los árboles de navidad, esperando los regalos de seres extraños, pero bondadosos. Ramiro toma la decisión de comprar un pino o un abeto y de adquirir también algunas figuras de barro; luego, le propondrá a Lucas decorar el árbol con estrellas, bolas y luces de colores, y, también, construir un Belén. Sabe que le restan pocos años para desaparecer, pero se siente afortunado por la presencia del chico que le aporta una alegría serena, una silenciosa armonía.

Casi, sin darse cuenta, llegan a la escuela. Una algarabía de niños les recibe al abrir la puerta de la gela. La irakasle trata de poner algo de orden, pero le resulta imposible, para los párvulos es un día singular, están felices, jubilosos. El abuelo deja a Lucas con sus amiguitos y, apresurándose, se dirige al centro comercial para comprar todo lo que necesita. Cuando finaliza la compra, se da cuenta de que esta Navidad será la primera vez que pase con un niño que ha visto la nieve por vez primera y que se ha visto sorprendido por la magia de los colores y de los regalos. Después de muchos años de tristezas, es la primera vez que vuelve a sentir una pizca de alegría y de ilusión en su corazón.

Eduardo Clavé Arruabarrena

Médico jubilado

Patrono Fundación Aubixa

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