“La población mundial de 60 años o más era de 962 millones de personas en el año 2017, más del doble que en 1980 cuando había 382 millones de personas mayores en todo el mundo. Se espera que el número de personas mayores se duplique nuevamente para 2050, cuando se prevé que la población mundial alcance  los 2100 millones” (Naciones Unidas, 2017).

Este aumento del número de personas mayores puede suponer que haya una insuficiencia de personal que pueda atender a este colectivo y sus necesidades. Una de las formas que puede paliar este déficit de atención y que puede ayudar a satisfacer las necesidades de las personas mayores son los avances tecnológicos, donde se incluye la robótica. A pesar de los buenos resultados de la tecnología en general, han surgido algunos debates éticos y morales cuando se emplean con estas personas (Sharkey & Sharkey, 2012; Sharkey, 2008; Sharkey & Sharkey, 2010).

Uno de los primeros dilemas fue si el uso de robots para personas mayores podría favorecer el aislamiento social de los mismos; no obstante también se han observado los beneficios que tienen estas tecnologías en este grupo de edad.

Centrándonos específicamente en las personas mayores, una de las características más importantes es la incidencia de la soledad dentro de este colectivo, por este motivo en los últimos años se ha empezado a utilizar los robots para intentar disminuir estos sentimientos.

Dos de los robots sociales más conocidos son la foca PARO y el perro AIBO (Pransky, 2001). Estos dos robots están programados para que se comuniquen mediante formas similares a como lo hacemos las personas (Breazeal, 2003) y, gracias a estas técnicas pueden influir en los sentimientos (Seo, Geiskkovitch, Nakane, King & Young, 2015), el estado de ánimo y conductas de la persona con la que interactúan.

En el caso del robot PARO, la mayoría de los estudios sobre su influencia se han realizado en residencias de ancianos. PARO cuenta con sensores táctiles, puede mover la cola y las aletas y si lo acarician abre los ojos; cuando ocurre un cambio de luz, de la temperatura o el tacto también cambia su comportamiento. Es capaz de responder a diferentes sonidos, de aprender su nombre y responde ante palabras que el dueño utiliza de forma habitual; también muestra diferentes emociones como la alegría, felicidad, ira y tristeza. Por su parte, AIBO también puede mover la cola, expresar emociones y perseguir y buscar la pelota.

Los estudios que investigaron los efectos de estos dos robots obtuvieron resultados muy parecidos a los obtenidos en la terapia con animales reales, aunque en este caso, también surgieron algunas cuestiones éticas. Una de ellas fue que, si bien estos robots pueden imitar emociones, estas simulaciones no sustituyen a las emociones humanas y aun no son capaces de conversar de forma fluida. No obstante pueden facilitar las relaciones sociales dependiendo del contexto en el que se utilicen. Los autores Wada y Shibata (2006) investigaron el efecto de PARO en un contexto grupal, observando un aumento de la interacción entre los participantes aunque remarcaron la necesidad de más investigaciones para poder comprobar el efecto real.

Siguiendo con los dilemas éticos, no nos podemos olvidar del derecho a la vida privada que tenemos todas las personas. Según este derecho todas los individuos podemos decidir el tipo de información personal que queremos compartir y cuándo queremos compartirlo (Rouvroy & Poullet, 2009). En este sentido, cuando empleamos la tecnología para recoger y monitorear datos de las personas mayores debemos asegurarnos de estar cumpliendo con este derecho.

Relacionado con este derecho, entre los robots que se han creado con el objetivo de hacer un seguimiento del estado de salud de la persona mayor y su seguridad, entre los que se encuentra el robot RP-7 que permite una interacción inmediata entre la persona anciana y su médico o el robot Wakamura de Mitsubishi, también encargado de monitorear a las personas mayores, transmitirles mensajes y recordar la toma de medicación. Estos robots también son adecuados a la hora de reducir los sentimientos de soledad de las personas mayores pero no sustituyen a los encuentros físicos con los familiares por lo que el efecto no es el mismo.

Como resumen podríamos decir que a pesar de que los robots pueden mejorar la calidad de vida de las personas mayores es importante utilizarlos de manera adecuada ya que, según el uso podría llevar a las personas a un entorno con menos interacciones sociales reales, pueden desarrollar sentimientos de pérdida del control de sus vidas y podría existir una falta del derecho a la privacidad de la vida de las personas mayores por lo que habría que especificar la forma de uso de los robots para hacer un adecuado uso de los mismos y así, saquen el mayor provecho posible de las ventajas que ofrecen.

Amaia Arregi Amas

Psicóloga General Sanitaria y Psicogerontóloga

 

Bibliografía

Breazeal, C. (2003). Toward sociable robots. Robotics and autonomous systems42(3-4), 167-175.

Pransky, J. (2001). AIBO–the No. 1 selling service robot. Industrial robot: An international journal.

Rouvroy, A., & Poullet, Y. (2009). The right to informational self-determination and the value of self-development: Reassessing the importance of privacy for democracy. In Reinventing data protection? (pp. 45-76). Springer, Dordrecht.

Seo, S. H., Geiskkovitch, D., Nakane, M., King, C., & Young, J. E. (2015, March). Poor thing! Would you feel sorry for a simulated robot? A comparison of empathy toward a physical and a simulated robot. In 2015 10th ACM/IEEE International Conference on Human-Robot Interaction (HRI) (pp. 125-132). IEEE.

Sharkey, A., & Sharkey, N. (2012). Granny and the robots: ethical issues in robot care for the elderly. Ethics and information technology14(1), 27-40.

Sharkey, N. (2008). The ethical frontiers of robotics. Science322(5909), 1800-1801.

Sharkey, N., & Sharkey, A. (2010). Living with robots: Ethical tradeoffs in eldercare. In Close Engagements with Artificial Companions (pp. 245-256). John Benjamins.

United Nations. (2017). Department of Economic and Social Affairs. Population Division. World population prospects: the 2017 revision: key findings and advance tables.

Wada, K., & Shibata, T. (2006). Robot therapy in a care house-its sociopsychological and physiological effects on the residents. In Proceedings 2006 IEEE International Conference on Robotics and Automation, 2006. ICRA 2006. (pp. 3966-3971). IEEE.