SOY MAYOR

“Existe la idea extendida de que ser mayor es sinónimo de dependencia, de ser un estorbo o de no ser útil, por eso es muy complicado que alguien reconozca que es mayor y no pasa nada”, nos dice Montse Celdrán, profesora de psicología en la Universidad de Barcelona.

 Entre 2015 y 2050, el porcentaje de los habitantes del planeta mayores de 60 años casi se duplicará, pasando del 12% al 22%. Y ya, desde hace tres años, el número de personas de 60 años o más supera a los de menores de cinco años.

 La OMS, mi vademécum sanitario particular,  considera una persona de edad avanzada a aquella que tiene entre 60 y 74 años, desde los 74 y durante los 80 se es viejo y, ya a partir de los 90 se entra en la vejez avanzada. Aunque, como pasa casi siempre con los diccionarios (no solo a los de la RAE), se debería hacer una revisión y actualizar la definición.

 Según esto, me encuentro en el grupo de persona de edad avanzada y aunque creo que hay quienes pasados los 50, o incluso menos, ya están sintiéndose viejos o viejas aunque según la OMS no lo sean, me parece que ese sentimiento es totalmente subjetivo. Ser viejo y sentirse viejo son cosas distintas. Lo primero tiene más que ver con la edad. Lo segundo, es una cuestión de actitud.

 No hay una persona mayor «típica». Algunos octogenarios tienen unas facultades físicas y psíquicas similares a las de muchas personas jóvenes. La diversidad que se aprecia en la vejez en gran medida se debe a los entornos físicos y sociales en que se encuentran, porque ese entorno influye en sus oportunidades y sus hábitos relacionados con la salud. La relación que mantenemos con nuestro entorno viene determinada por características personales como la familia en la que nacimos, nuestro sexo y etnia, y eso da lugar a desigualdades en nuestra relación con la salud.

Si viviera en Japón, con mis años actuales, en mis últimas vacaciones en el hotel o en el bus que nos llevaba de un sitio a otro, quizá me habrían preguntado la edad, pero no por puro cotilleo, sino para asegurarme que iba a ser tratada “con la deferencia apropiada” porque allí, la vejez es un símbolo de estatus. Incluso, según me cuentan,  hay países desarrollados que otorgan trabajo sin discriminar por la edad, y donde prima la experiencia y la capacidad. Por desgracia estamos más acostumbrados a tomar como referencia a los EEUU donde, el envejecimiento tiende a considerarse “poco deseable”.

 Y un ejemplo de lo no deseable es el ámbito en el que continúa moviéndose la publicidad, donde existen dos posturas enfrentadas respecto a este tema. El «anti-age», que lucha contra todo signo de envejecimiento y el «pro-age», que relativiza el hecho de cumplir años. (Si me lo permitís, creo que el vocablo castellano define mejor de lo que se trata, aunque “guste más” utilizar anglicismos).Y, por desgracia, aunque ha habido cambios, sigue siendo preponderante la primera, especialmente para la mayoría de anuncios dirigidos a la mujer. Lo que se traduce en que lo viejo vale menos y el efecto que se consigue es que se tenga casi pavor a envejecer.

 Pero es que envejecimiento no es igual a enfermedad. Puede haber personas que envejezcan a partir de patologías sobrevenidas, pero también hay otras que envejecen con muy buena salud y, aunque todavía no tengo la experiencia personal, me anima saber que parece que no hay una crisis de los 70, como la de los 40 en la que ves que dejas de ser joven ( si hacemos caso a Maria Lluïsa Lozano y Juana del Olmo expertas del grupo de trabajo de psicología del envejecimiento del Colegio Oficial de Psicología de Catalunya), porque “una persona se da cuenta de que se va haciendo vieja progresivamente. Es algo que viene paulatinamente y en una mente sana se toma como algo normal de la edad”.

 Lo cierto es que estos grupos de edad hemos estado creciendo en la pirámide de población, debido principalmente a la baja en la tasa de mortalidad por la mejora de la calidad y esperanza de vida de muchos países. Todos se enfrentan a retos importantes para garantizar que sus sistemas de salud y de asistencia social estén preparados para afrontar ese cambio demográfico.Y, aunque en los más desarrollados, en su mayoría gozamos de una mejor calidad de vida, tenemos acceso a pensiones, garantías de salud (¡cuidado con perderlas!), no debemos olvidar que  la previsión para 2050 es que el 80% de las personas mayores vivirá en países de ingresos bajos y medianos.

 La Década del Envejecimiento Saludable (2021-2030) de las Naciones Unidas,  tiene como objetivo reducir las desigualdades en materia de salud y mejorar la vida de las personas mayores, sus familias y sus comunidades a través de la acción colectiva: cambiando nuestra forma de pensar, sentir y actuar en relación con la edad y el edadismo. Pero es la sociedad en general, la que debe hacer frente a las actitudes no deseadas, ya que pueden dar lugar a situaciones de discriminación y afectar a la formulación de políticas y a la creación de oportunidades para que las personas mayores disfruten de un envejecimiento saludable; y debe ser consciente, también como sociedad, de la necesidad de mantener esa “deferencia” con los mayores demostrando así que está en el lado acertado.

  

Lurdes Ubetagoyena

Presidenta Aubixa Fundazioa